viernes, 5 de abril de 2013

Natur ohne Grenzen [Naturaleza sin fronteras]




Reflexiones en voz alta sobre los límites de la gestión - IV
 
Hace ya bastantes años, al principio de tener responsabilidades en la conservación del delta del Llobregat (ahora sigo preocupado, pero desde otra posición ya no directamente relacionada con la zona), hubo un acuerdo para la conservación del delta del Llobregat entre el land alemán del Baden-Württemberg, la Generalitat de Catalunya, el ayuntamiento de El Prat de Llobregat y la organización no gubernamental DEPANA. Aquel acuerdo, que permitió gracias al tesón de varias de las partes implicadas empezar a echar a rodar la conservación de la zona, tenía un leif motiv : naturaleza sin fronteras (natur ohne grenzen en alemán).

En esencia, un territorio situado más al norte, se preocupaba, con buen criterio, por dónde iban a invernar las aves que allí nidificaban. Y luchaba y colaboraba para que se preservase aquel lugar, dado que las aves no conocen de fronteras nacionales, provinciales, municipales, ficticias, reales, deseadas o imaginarias. Hay que decir que gracias a aquel impulso inicial se salvó en aquel momento al menos parte del Delta del Llobregat. Pero bueno, esas batallas pasadas no son el objeto de este post. Sino que es apuntar alguna reflexión sobre los límites que nos establecemos en gestión.

Los límites del tablero de juego

Asisto como trabajador de una administración autonómica a la necesaria concreción de nuestro ámbito laboral al espacio sobre el que se tiene competencias, cosa clara en el ámbito terrestre, ya que cambias de provincia y de comunidad autónoma,  pero no tanto en el marino. Veo también técnic@s municipales que tratan los asuntos de sus municipios cual territorios aislados, como si lo que pasase más allá de su límite ya fuese cosa del hiperespacio. Pero las aves, y también otros taxones, no conocen esas fronteras. Y no necesariamente hablamos de migratorias.

Un ejemplo. En su excelente artículo en la revista Ecography 35: 001–010, 2012 'Living on predictability: modelling the density distribution of efficient foraging seabirds' el doctor Albert Cama y sus colaboradores estudian como se adapta 'a las circunstancias' la gaviota patiamarilla Larus michahellis en torno al delta de l'Ebre y norte de Castellón. Las gaviotas se van moviendo de sitio según se acerca la hora de que su tipología de alimento está más o menos disponible, con unos horarios muy establecidos, a caballo de Castelló y Tarragona. En la Punta de la Banya nidifican entre 9000-11000 parejas de gaviota patiamarilla según los años y dan problemas de conservación a la gaviota de Audouin y otros larolimícolas. Resulta evidente que estas gaviotas patiamarillas no solo están ahí por lo bonito o atractivo que sea el delta de l'Ebre sino que su gestión viene también condicionada por lo que pase en Castelló, su flota pesquera y también sus vertederos y gestión de residuos. ¿Es este problema de conservación del Delta de l'Ebre resoluble desde Catalunya? Parcialmente.


Otro ejemplo. La conservación de las pardelas. Estas especies usan islas mediterráneas como en el caso de Baleares donde nidifican Puffinus mauretanicus y Calonectris diomedea que van a alimentarse básicamente a la plataforma continental peninsular. Las pardelas de Canarias van a comer al litoral africano, tal y como han demostrado recientemente los estudios de SEO/BirdLife en la materia. La conservación de las especies pasa también por la preservación de sus zonas de alimentación y campeo y no solo las colonias de cría. Aunque conservar a mar abierto sea un tema de difícil resolución.

No solo pasa ésto en el medio litoral o marino. Recuerdo perfectamente un compañero del trabajo como comentaba que aquellas águilas percideras que siempre se pensaba estaban permanentemente en determinado valle mediterráneo, una vez marcadas con emisores vía satélite, se demostraba que se movian mucho más de lo pensado, circulando por medio país. No vale con preservar solo donde crian. Habría más ejemplos.


¿Qué hacer entonces?


La culpa no es del vecino o de Madrid, de Bruselas, del euro o del nivel del mar en Alicante o el peinado del líder de Corea del Norte, como podrian argumentar, o aducen, algunos políticos. Tal vez sea conveniente volver a recuperar el casi manido pero necesario lema de 'piensa globalmente, actua localmente' en estos casos. No podemos ser cortos de miras y pensar cual islote de la Micronesia, atolón del Pacífico sur o oasis sahariano aislado del mundo mundial. A veces aquello que hacemos tiene repercusiones más allá de nuestro ámbito. Y una pequeña contribución aquí, por modesta que sea, puede mejorar un conjunto más ámplio de lo que parecía a priori. Todo suma.

Nada es facil, no hay buenos y malos de libro en la gestión de la naturaleza y las dificultades de gestión en estos casos no exoneran de hacer algo al respecto. No vale sentarse en la silla esperando la hora de salir. Hay que preguntarse periódicamente qué estamos haciendo cada uno de nosotr@s desde donde estemos para ayudar a conservar las especies protegidas y sus hábitats. De lo contrario, como mucho, aspiraremos a seguir haciendo de notarios de la extinción de especies y sus hábitats. Y la biología forense no es una especialidad que sepa se enseñe en ningún lado.


Capítulos anteriores:

It's the ecology stupid [Es la ecología, estúpido] 2.3.2013
Agujeros negros 1.9.2011
Neveras naturales 21.5.2010

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