sábado, 2 de marzo de 2013

It’s the ecology, stupid [Es la ecología, estúpido]


Utxesa, Torres de Segre, Lleida, 2013 @Ricard Gutiérrez

OPINION


Reflexiones en voz alta sobre los límites de la gestión en espacios naturales litorales

El título del post no es un insulto. Decía ya el siglo pasado un antíguo Director General mío en el trabajo la frase muy usada en los USA por Bill Clinton en su campaña contra H.W.Bush padre It’s the economy stupid (es la economía, estúpido) refiriéndose a la necesidad de tener en cuenta parámetros económicos a la hora de gestionar el medio natural o más genéricamente a la necesidad de priorizar. Ésto, que ahora parece algo plenamente asumido, no lo había sido tanto hasta entonces. Y hay que reconocer a la luz de lo visto en algunos sitios que aún no lo está, primando otros aspectos delante de la lógica de gestión asociada a la protección de la naturaleza.

Hoy día se me antoja que tal vez hubiese que darle un giro a la frase inicial hacia un tal vez más amistoso ‘it’s the ecology stupid’. Aunque parece que no sea el primero al que se le ha ocurrido. Sí, Ecología. La que tuve ocasión de aprender de la voz del Doctor Ramón Margalef en sus clases a las 8 de la mañana que seguíamos unos cuantos sin saber bien que apuntes tomar. Y tampoco sin saber bien como aprobar. Aunque lo hicimos justito. Y que me costó digerir un par de años después de superar la asignatura aquel junio en la Universidad de Barcelona. Pero que tantas satisfacciones de todo tipo me ha dado a posteriori. 

La paradoja del espacio protegido

Avería Vanellus vanellus. © Ricard Gutiérrez, 2003.
Después de mucho tiempo (todo el tiempo) sin protección, en cuanto se declararon una serie de medidas de protección para algunas áreas litorales, lo primero que se hizo fue protegerlas a cal y canto e intentar eliminar algunos usos entonces considerados ‘dañinos’ como el pastoreo, las quemas de carrizal u otros llevados a cabo por lugareños y basados en cierta manera en la emulación de ciclos naturales. Había que protegerlo todo al máximo. Craso error. Comentaba Jordi Sargatal que fue durante años Director del Parc Natural Aiguamolls del’Empordà que ellos eliminaron el pastoreo de las marismas salobres litorales de ‘Les Llaunes’. Como resultado de ello bajó el número de alcaravanes presentes en la zona: la vegetación no dejaba lugar para ellos. En cuando se dieron cuenta se corrigió. 

Es tal vez conocido también el caso de como la imposibilidad de inundación natural de la marisma de les Filipines en el delta del Llobregat, Barcelona. Producto de la retirada de herbívoros y de un talud excavado que impedía la inundación de agua de mar de la zona, se alteró la vegetación de la zona y ello contribuyó hacia 1984 a la extinción por aquel entonces de la avefría como nidificante en Catalunya. Y de la canastera localmente en el Llobregat. Tardamos veinte años en recuperarla. Y la avefría no volvió a criar nunca más. 

También sería el caso de las parcelas de playa que se crearon en la misma zona para la protección del chorlitejo patinegro: de unas zonas arrasadas por las máquinas de limpiar playas se pasó a unas áreas ordenadas, con pasillos para visitantes coincidiendo con duchas, parcelas delimitadas por cuerdas, estacas y papeleras y chorlitejos (y lagartijas cenicientas) felices criando en medio, a salvo del tractor limpiador matutino. Así fue hasta que la vegetación de la zona, libre de presiones, decidió multiplicarse siguiendo la natural sucesión ecológica. Y tender a maximizar la ocupación del territorio, dejando poco espacio libre entre plantas, justamente el espacio que le gustaba al chorlitejo patinegro. Y probablemente a la lagartija también, aunque no soy herpetólogo profesional. ¿Resultado? Una zona botánicamente riquísima con ninguna especie de vertebrado amenazado de extinción que proteger. Y esta circunstancia se repite sistemáticamente allá donde se protege la playa para esta especie.


Playa dels Salats i Muntanyans, Creixell, Tarragona.2007. Los postes y cuerdas delimitan una zona delante de la duna para la nidificación del chorlitejo patinegro. © Ricard Gutiérrez
Playa dels Salats i Muntanyans, Creixell, Tarragona.2013. La misma playa presenta un elevado recubrimiento vegetal producto de la protección. Pero las especies animales objeto de protección están en regresión © Ricard Gutiérrez


La guerra de sucesión

Sucesión en una laguna  (Funte:abc.com)
Dicen los ecólogos (que me perdonen si me meto en camisa de once varas) que a lo largo del tiempo en un ecosistema varía la relación P/B (Producción/Biomasa): al principio, cuando se establece el hábitat, sea por una catástrofe que lo haya ‘reseteado’ (léase incendio, inundación, etc.) se da un gran trabajo de producción para restablecer las condiciones iniciales. Las plantas que hay suelen ser herbáceas y hay poca ‘leña’. Esa gran ‘biomasa’, también animal, es aprovechada por multitud de consumidores que se aprovechan de ese ‘boom’ de alimento temporal. 

Una marisma de inundación temporal no deja de ser un hábitat en ese estadio de mucha biomasa y poca ‘leña’, con sus continuos ‘resets’ de nivel de agua o salinidad. Y hay multitud de aves de diferentes formas y tamaños adaptadas a explotar ese ‘maná’ temporal.  Sin embargo, si el hábitat no se altera, las plantas tienden a hacerse leñosas, y aparecen primero arbustos e incluso luego árboles (como Tamarix en marimas) que tienden a aumentar el recubrimiento vegetal. La sucesión tiende a no producir tanto y prima el incremento de ‘leña’, no tan comestible. Baja la relación P/B. Y no hay tanta cantidad ni diversidad de fauna, que sí pasa a ser más especialista pero no necesariamente amenazada o protegida.


Maresma de les Filipines, Viladecans, Barcelona. En segundo término grandes cantidades de Tamarix sp. están invadiendo la marisma. La sucesión ecológica tenderá a hacer desaparecer la marisma (© Ricard Gutiérrez, 11.10.2012)


Siempre se ha pensado que un bosque climácico es la ‘creme de la creme’. No es el caso de los humedales y hábitats psamófilos. Los humedales costeros, y los ríos, y los bosques mediterráneos, estaban sujetos a ritmos temporales de inundaciones, avenidas, fuegos, que hacían de ‘reset’ para poblaciones de animales que allí vivían. Y aparecían especialistas en vivir en esa ‘cresta de la ola’ que supone aprovechar el principio de la sucesión ecológica.   

Con el tiempo y determinadas culturas de gestión, parece hoy día aún pecado que se desborde un río, que se inunde algún humedal si corta el acceso a los itinerarios u observatorios o que se pueda quemar de forma natural algún pequeño trozo de monte, que si es de especies autóctonas probablemente se regenerará automáticamente. Otra cosa son los incendios forestales intencionados perseguidos penalmente. O la necesidad de minimizarlos dada la artificiosidad general del mundo en el que vivimos.

Como consecuencia de esta falta de conocimiento ecológico en la gestión, o del miedo y dificultades a aplicarlo, algunas especies de animales especializadas han padecido importantes cambios poblacionales que se suman a otros factores comunes al resto de vertebrados que aún tenemos en nuestros campos (impacto de contaminantes, captura directa, destrucción física de los hábitats…). Y las medidas que se adoptaron para protegerlos a veces no funcionan. Cada vez menos especies de aves por temas como los pesticidas o venenos. Pero también cada vez menos Chorlitejos patinegros. O especies como la canastera que se van de las zonas protegidas para criar en campos de cultivo. ¿Qué es mejor, las plantas o los animales que viven en sus hábitats? ¿Qué hay que priorizar? Ya tenemos la discusión montada entre zoólogos y botánicos que debe ser salvada desde el conocimiento y la observación de la legislación. Sin que haya vencedores ni vencidos en esta guerra de la sucesión. Ecológica.

Chorlitejos patinegros. El Vendrell, Tarragona, 2013 © Ricard Gutiérrez


Ecología en directo

Ante la disyuntiva de tomar decisiones a veces no siempre bien explicadas o comprendidas, no es de extrañar que especies muy selectivas como el avetoro, que necesita carrizales renovados en los que se pueda llegar al agua a pescar; chorlitejos patinegros en playas; o bandadas de limícolas migratorios a la búsqueda de un lugar donde descansar en sus viajes vayan padeciendo esta gestión del ‘no meneallo’. O de cosas casi peores como intentar recrear hábitats donde no toca desde el punto de vista de las condiciones ambientales para la vegetación que los conformarán. O como figura en alguna hemeroteca, querer ‘trasladar humedales’ como si piscinas de goma de terraza fuesen. Sic. 

Contra esta situación, legislación aparte, es recomendable escuchar, y bastante, a la gente que vivía y trabajaba históricamente en aquellos humedales, en aquellas marismas o en aquellas zonas que los rodean y ver qué hacían antaño en y con aquellas tierras y áreas. Tal vez era quemar anualmente el carrizal para poder cazar mejor, pero también para que criasen mejor algunas aves. O tener ganado pastando en las marismas para que siempre tuviesen el papel que habían de tener y que luego han emulado parcialmente las depuradoras terciarias.  Si los objetivos de gestión son proteger y recuperar justamente esas especies amenazadas de extinción, oh curiosidad, que explotan el principio de la sucesión ecológica, algo habrá que hacer. Y esas prácticas pueden dar valiosas pistas.

GEPIF controlando el carrizal. Utxesa, Torres de Segre, Lleida, 2013 @Ricard Gutiérrez
La quema controlada circunscribe la gestión a las zonas de carrizo y junqueras y otras áreas valiosas no quedan afectadas. Utxesa, Torres de Segre, Lleida, 2013 @Ricard Gutiérrez

Por eso no hay que extrañarse si, con todos los informes previos y autorizaciones necesarias, hoy día grupos de agentes rurales especialistas efectúan quemas controladas en espacios naturales protegidos como el Delta de l’Ebre o Utxesa en Catalunya. No destruyen hábitat: aumentan su interés ‘reseteando’ la sucesión para que toda la fauna acuática, pero también la flora, se aproveche. Si hay alguna especie vegetal de interés se defiende o esa área se excluye y ya está. 

Y por eso no hay que rasgarse las vestiduras si de tanto en tanto hemos de cortar la vegetación de la marisma o se ha de volver a pasar la máquina por la playa que tanto nos costó regenerar. Si no hay temporales de levante que así lo hagan, habremos de hacer de Poseidón por un día para beneficio de las especies amenazadas que allí criaban. Y que están a punto de extinguirse. Y por las que seguramente se declaró ese espacio protegido. ¿O ya no nos acordamos?  No, no es pecado. Como decía aquel, it’s the ecology, stupid.

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